Estoy por fin de vuelta en casa, en mi pueblo bendito, con una tranquilidad que sólo se encuentra en la casa de cada uno. Aquí pareciera que pasa lo mismo todo el tiempo, la vida no cambia, pasa el del gas, el que vende tamales, el que anuncia con su carro para el pueblo. Además llegué en tiempo de fiestas, mismas que desde que tengo memoria son idénticas en lo que presentan cada vez, pero no me molesta cada que asisto lo disfruto como si fuera la primera vez. Cada detalle de cotidianidad es lo que le da ese toque mágico a mi pueblo.
Pero dentro de toda la cotidianidad que se repite como espiral está también lo que se va para siempre de la forma física conocida, personajes del pueblo de los que tenemos que despedirnos para siempre y de quiénes sólo quedará el recuerdo en nuestras memorias. El día de ayer falleció una señora amiga de mi familia que era nuestra vecina. Sentí mucha nostalgia, la recordé alegre en cada fiesta que nos acompañó, siempre servicial, la recuerdo también tejiendo con mi mamá y sobre todo no se van de mi memoria aquellos días en que venía a mi casa la tarde entera a "espulgar" mi cabeza y quitarme los piojos que muy seguido me pegaban en la primaria.
Comenzó el extraño ritual de fallecimiento que se da en mi país, poner el cuerpo que ya ha sido abandonado por el alma en una cara caja donde pasará a descomponerse, lo triste es que al descomponerse de ese costoso ataúd, ni siquiera habrá posibilidad de que los restos se integren de nuevo a la naturaleza.
En la India los cuerpos se queman en el río y luego las cenizas se diluyen con el mar. Más aún en el Tíbet, el cuerpo de un fallecido es llevado a la montaña para que sea ingerido por las aves. Eso seguramente sonaría trágico para las personas acostumbradas a la protección absurda del cuerpo, pero en realidad si lo vemos de otra manera es hermoso pensar permitir al cuerpo degradarse y aprovecharse en la naturaleza. Como expresa la tercera ley de la termodinámica "la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma" en mi opinión sería más digno morir y permitir al cuerpo fusionarse de nuevo con la tierra. Por eso, esa idea de plantar un árbol y usar los restos casi como composta me parece la más maravillosa.
La palabra "muerte" puede causar escalofríos hasta al más valiente, es considerada la mayor tragedia de la humanidad, pero de igual manera, podría ser visto de una manera distinta. Para los Kabbalistas por ejemplo, el día más importante para un ser humano es el día de su muerte, no el del nacimiento como normalmente celebraríamos, ese día no representa más que el comienzo de un ciclo que aún no logramos desarrollar, en cambio la muerte, representa el fin de una vuelta de vida, de nuevos conocimientos, de evolución del alma y por eso, el día de la muerte es el día más especial.
Así lo veo, la muerte como la salida del alma de esta realidad, definitivamente no como algo malo, sino como un descanso para el alma para prepararse para la siguiente encarnación.
Por todo esto, no me gusta ir a los funerales, prefiero encontrar a mis allegados después de su pérdida y siempre les digo también esa frase trillada que para mí tiene tanto sentido, "ya descansa en paz", porque así es, un funeral debería más bien ser una celebración sagrada donde se celebre al que se ha ido por haber cumplido su tiempo en esta tierra.
Sería magnífico cambiar la manera de experimentar la muerte, sin temor, como un despertar donde recordamos que la vida aquí es una ilusión en la que nos sometemos a reglas universales para evolucionar espiritualmente, la muerte llega cuando tiene que llegar, sin prisa pero sin calma. No hay que temerle, tampoco intentar huir de ella.
Es triste regresar al pueblo y ya no encontrar alas personas que dejaste, alos que un dia con lagrimas en los ojos les di un asta pronto y hoy ya es un adios para siempre :(
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